Efectos secundarios

Los anticonceptivos hormonales y su conexión con la depresión

Un estudio reveló que existe una relación directa entre estos métodos y los cuadros depresivos. Un profesional idóneo es clave para indicar cuándo su uso no afectará la calidad de vida de la mujer.

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Todos los profesionales coinciden en que una buena salud mental es indispensable para alcanzar bienestar y calidad de vida, como así también  lograr un buen funcionamiento físico y orgánico del cuerpo.

Lo cierto es que, en cuanto al bienestar específicamente de las mujeres, las hormonas gonadales influyen notablemente, ya que modulan los fenómenos de neurotransmisión cerebral y participan en la regulación de los estados de ánimo en diferentes situaciones que involucran los síntomas depresivos.

Por otro lado, los métodos anticonceptivos a base de hormonas son cada vez más utilizados por mujeres y adolescentes, ya que son considerados reversibles, altamente efectivos y pueden además tener un efecto beneficioso en pacientes con hirsutismo, acné, alopecia androgénica, entre otros. Sea en píldoras, parches, implantes, anillos o inyecciones, estos métodos previenen embarazos eficazmente y son buenas opciones para muchas mujeres.

Independientemente de sus ventajas, los anticonceptivos hormonales pueden causar efectos secundarios no deseados como cefaleas, náuseas, mastalgia, sangrado intermenstrual, trastornos del ciclo, acné, alteraciones del estado de ánimo, disminución de la libido, aumento de peso, cloasma, alopecia, dismenorrea o vaginitis. No caben dudas, entonces, de que todos estos efectos pueden influir negativamente en el estado mental de la mujer y posiblemente causar la depresión.

De hecho, un reciente estudio, realizado por la Universidad de Copenhague, Dinamarca, reveló que aquellas dudas eran reales: existe una relación directa entre los métodos anticonceptivos hormonales y los cuadros depresivos.

La investigación danesa abarcó todo el país europeo con la más que representativa muestra de un millón de mujeres, de entre 15 y 34 años, a lo largo de 6 años. Los resultados de la investigación apuntan a un mayor riesgo de precisar medicación antidepresiva por primera vez, así como de un primer diagnóstico de depresión, entre las mujeres que consumen anticonceptivos, especialmente las adolescentes.

El análisis cruzado de la información sirvió para sacar algunas conclusiones sobre cómo afecta cada método anticonceptivo. Por ejemplo, aquellas que utilizan píldoras de control (las más comunes, que contienen estrógeno y progestina) fueron un 23% más propensas a necesitar un antidepresivo, en comparación con las no usuarias. En tanto que las pastillas compuestas sólo con progestina elevaron las posibilidades hasta el 34%.

Los resultados apoyan la teoría de que la hormona progesterona y su versión sintética, progestina, pueden contribuir a desarrollar la depresión. Los anticonceptivos hormonales pueden empeorar la calidad de vida de las mujeres por la falta de control de los efectos secundarios

Siempre que sean bien indicados y vigilados por el médico, el método hormonal puede no influir tanto en la calidad de vida de la mujer. Claro que se debería hacer un control y una búsqueda de la correcta combinación de hormonas que se relacione mejor con el funcionamiento corporal de cada una de ellas: para cada mujer habría que buscar el anticonceptivo al que su cuerpo se adapte mejor.

Para ello, nada mejor que un profesional idóneo en el tema para determinar cuál es la combinación perfecta fórmula-cuerpo que se adapte a cada caso en particular.

 

Los métodos anticonceptivos a base de hormonas son cada vez más utilizados por mujeres y adolescentes, ya que son considerados reversibles, altamente efectivos y pueden –además- tener un efecto beneficioso en pacientes con hirsutismo, acné, alopecia androgénica, entre otros. Sea en píldoras, parches, implantes, anillos o inyecciones, estos métodos previenen embarazos eficazmente y son buenas opciones para muchas mujeres.

Pero además de sus ventajas, los anticonceptivos hormonales pueden causar efectos secundarios no deseados como cefaleas, náuseas, mastalgia, sangrado intermenstrual, trastornos del ciclo, acné, alteraciones del estado de ánimo, disminución de la libido, aumento de peso, cloasma, alopecia, dismenorrea o vaginitis. No caben dudas, entonces, de que todos estos efectos pueden influir negativamente en el estado mental de la mujer y posiblemente causar la depresión.

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